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¿A quién de nosotras no nos gustan las perlas? Pues a mí me encantan. A lo largo de mi trayectoria de trabajo he hecho muchas piezas con ellas y que han sido bien apreciadas por la elegancia, luz y sensualidad que transmiten.

Hace 2000 años los chinos creían que las perlas tenían el poder de la juventud eterna y aún hoy en día son utilizadas en productos de cosméticos y sueros contra el envejecimiento. Además, en el pasado fue considerada como una piedra de alto valor como un amuleto curativo: Cleopatra una vez se tomó una perla costosísima disuelta en vinagre como demostración de poder…

Hay dos tipos de perlas: las de agua dulce o río y las de mar.

Las de agua dulce son cultivadas en su mayoría en ríos y lagos en China. Se introduce un trozo de tejido orgánico en un mejillón, que, en un lapso de entre 8 meses y 4 años, da inicio a la formación de un número variable de perlas alargadas y pequeñas, frecuentemente de forma irregular, a veces llamadas “barrocas”. Estas suelen tener un brillo mate y una durabilidad mayor que las perlas de mar, porque su corteza puede tener varias capas que le dan más dureza. Como la producción de este tipo de perlas es más abundante, son mas baratas que las otras.

Las perlas de mar o de agua salada, son cultivadas en ostras, en aguas poco profundas de océanos principalmente en la India y en el Golfo Pérsico. A veces por casualidad se introduce un grano de arena en ellas que será cubierto por el manto de la ostra. En el caso de las perlas cultivadas, se introduce en las gónadas del molusco un pedacito de nácar u otra perla que dará origen, en un plazo hasta años, a una piedra redondeada, grande, de textura lisa. Las perlas de mar no son muy duraderas, porque su corteza no tiene muchas capas como las de río, pero sí tienen mucho mayor brillo y un costo más elevado, como por ejemplo las de marcas internacionales, como Mikimoto.

Mi preferencia va hacia las perlas de río. ¿Y Uds.?